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Bustinduy avanza por la izquierda del PSOE negando que avanza

José García Abad 

El pasado 18 de enero, Servidor avisaba en Ojo Avizor con el siguiente título: “Se ve a Bustinduy reptando cautamente hacia la dirección de la izquierda del PSOE”. Hoy, tres meses después, podemos titular: “Bustinduy avanza como líder de la izquierda del PSOE negando que avanza”.  Y es que el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha sido señalado por  toda la tropa de la izquierda, como el hombre adecuado para encabezarla,  desde Yolanda Diaz que ha precipitado la cosa al renunciar a repetir como candidata de la coalición Sumar tras los reveses electorales sufridos, y Antonio Maillo, coordinador  general de Izquierda Unida , de donde, justamente, procede Yolanda Diaz. Hasta el mismísimo Gabriel Rufián.

Maillo ha calificado  a SUMAR de “un proyecto fallido”, que “no es un instrumento capaz de aglutinar al conjunto de organizaciones políticas y personas conjuradas para evitar un Gobierno de PP y de Vox”. Mientras Rufian que había organizado una operación para unir a la izquierda y quien aparecía como posible dirigente de la misma afirmaba en los pasillos del Congreso: “A mí no me toca decir si tiene que ser candidato. Sería irrespetuoso por mi parte, pero Bustinduy sería maravilloso”.

Precipitarse sería morir

A todo esto Pablo Bustinduy que se deslizó elegantemente desde el PSOE a Podemos y de aquí a Sumar sin hacer daño, que acaba de oponerse a la decisión del Gobierno sobre la vivienda, se ha precipitado a decir que no tiene interés en el puesto exigiendo a quienes le postulan para su candidatura, también finamente, que no den la vara a lo que estos han atendido con camaradería indicando que no se trata de posturas formales pues tanto el propuesto como los proponedores  saben que una anticipación de su candidatura quemaría al candidato.

Pablo Bustinduy, 42 años, el ministro más joven y el mejor valorado de los de Sumar, con mejor nota que la propia Yolanda, vicepresidenta  del Gobierno, se ha armado con la enseña monográfica de “lo social” para lo que cuenta con una palanca prodigiosa: un departamento que lo incluye desde su propio título: ministerio de “Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2.030”.

Bustinduy huye discreta pero firmemente de todo lo que no signifique “lo social” obteniendo un notable éxito, sin oposición del Partido Popular, con la recién promulgada ley de Servicios e Atención a la Clientela” y quien se opuso enérgicamente a la propuesta de Sánchez de una bonificación del 100% en el IRPF para propietarios que no suban el precio. 

Pablo Bustinduy quien aseguró que Sumar mantendrá una “actitud constructiva” ante las negociaciones con el Partido Socialista, explicó en rueda de prensa: “Le hemos reiterado al PSOE que no estamos de acuerdo con esto”. Calcula Bustinduy que el impacto medio para las familias podría rondar los 1.735 euros anuales.

Hijos naturales del PSOE

Conocí a Bustinduy Amador cuando era aún más jovencito, cuando su madre Ángeles Amador era ministra de Sanidad en el gabinete de Felipe González y su padre, Javier Bustinduy, fallecido en 2016, modernizador de la red ferroviaria de cercanías, un prestigioso ingeniero que había inventado una fórmula que pasaría a la historia como “Solución Bustinduy”. Implantó un modo de transporte metropolitano moderno, con capacidad para planificar y gestionar conjuntamente las distintas redes creadas en España. 

En una reunión en la que Pablo no participó por su corta edad coincidimos los presentes, mayormente gente socialista de comunión, no todos con carné, en la constatación un tanto melancólica de que arrebatados por un  tsunami arrollador de los Indignados en el movimiento ciudadano 15-M encarrilados en Unidos Podemos, serían de irresistible atracción para los hijos de los socialistas de toda la vida.

Pablo cumpliría este destino generacional como buen progre hijo de socialistas que, con el gobierno de coalición de Pedro Sánchez, abrazado a Pablo Iglesias, llegaría a ministro, pasaría por Podemos y desembarcaría en un SUMAR adicto a Sánchez. Un circuito inesperado que permite al hijo de socialistas rematar políticamente al abuelo. Por “Lo social”.

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