Manuel Espín
En su momento la ópera surgió como un punto de encuentro entre las artes musicales y las escénicas, la lirica y la plástica. A lo largo del XX se fue incorporando el mundo de la imagen y el vídeo, y hoy el ‘show’ audiovisual. Cuando vemos grandes espectáculos para estrellas en las que las tecnologías se entremezclan, la ópera no podía quedarse al margen.
En su origen ‘Romeo y Julieta’ de Charles Gounod (1816-1890) el autor de ‘Fausto’, del famoso ‘Ave María’…o de la sintonía de Alfred Hitchcock para su serie televisiva de los 50-primeros 60, respondía a lo esperado de. las óperas francesas estrenadas en el imperio de Luis Napoleón y de Eugenia de Montijo: un espectáculo paralelo al concepto de ‘grandeza’ de Francia tan típico de ese cuarto de siglo en el poder de un presidente de la república que tras un golpe de estado se convierte en emperador. Momento en el que se genera el París monumental que hoy conocemos.
Lo que queda de Shakeaspeare es un mero hilo argumental porque aquí apenas se cuenta nada sobre las causas del enfrentamiento de las dos bandas rivales y la acción se centra en las relaciones íntimas de la pareja. Esta aparente limitación temática salta por los aires en la lectura teatral que hace Thomas Joly en la coproducción entre el Teatro Real y la Ópera Nacional de París, vista allí en 2023 y que ahora se representa hasta el 13 de junio. en Madrid. El último día podrá ser vista de manera gratuita a través de streaming en numerosos centros y ayuntamientos.

Es dudoso que la imagen televisiva sea capaz de captar las sensaciones de este gran ‘show’ operístico. La obra de Gounod es hábil en la inserción de momentos de gran arrebato dramático con los intimistas, y da un gran papel al coro del Real que dirige José Luis Basso. En manos del director musical Carlo Rizzi al frente del foso resulta un aceptable trabajo con una destacada presencia de la cuerda y el viento; pero sin destacar y muy al servicio de las numerosas voces solistas y del coro.
En principio el aliciente principal de este ‘Romeo y Julieta’ estaba puesto en el reparto principal con dos estrellas como la norteamericana Nadine Sierra y el mexicano Javier Camarena. También Ismael Jordi ha estado brillante en las primeras funciones, en un personaje que Alfredo Kraus representó en 1987 en el Teatro de La Zarzuela y que en época reciente participó en la producción dirigida teatralmente por Oliver Py. Ahora también hay otros dos repartos de Julieta en los nombres de Vannina Santoni y Julia Musychenko-Greenhalgh. Destaquemos el enorme trabajo del numeroso ‘cast’ en un trabajo lleno de matices y rebosante de acción escénica.

Aunque más allá de la parte musical lo que este ‘Romeo y Julieta’ ofrece es un espectáculo teatral de primer nivel, mejor dicho un espectáculo llevado hasta la extenuación a cargo de un director-estrella como Thomas Joly que no procede del circuito tradicional de la ópera sino del puro show audiovisual y del Teatro de vanguardia y que ha sido capaz de combinar la dirección del espectáculo de la Olimpiada de París con la versión gala de Drag Race.
Un enorme y aparatoso decorado giratorio que ocupa la totalidad de la gigantesca boca escénica del Teatro Real con una estética gótica con iluminaciones con tonos platino creando espacios en negro de una expresividad absoluta. Bajo una dinámica propia del show estelar multitudinario y tecnologicamente arrollador de una gran figura del pop. Las coreografías propias de la danza acrobática y no tanto del clásico como las escenas de lucha escénica, así como un vestuario donde predominan los blancos impolutos y el negro más intenso, utilizan todos los recursos teatrales disponibles. Pensemos cómo ese grandioso espacio escénico se convierte en un lecho íntimo con la reconversión de un gran telón fino que iluminado alcanza irisaciones mágicas.

Se trata de un concepto teatral que hoy en día se aplica a muy ‘selectas’ producciones. Y el término hay que aplicarlo en toda su longitud, por el alto coste que se presupone a este tipo de montajes, parientes tanto del espectáculo audiovisual multitudinario como del show, y lo mismo que en este ‘Romeo y Julieta’ el pasado febrero La Monnaie de Bruselas aplicaba un tratamiento igual de radical para ‘Benvenuto Cellini’ de Berlioz emparentado con un espectáculo de Las Vegas o la aparición de una estrella del rock.
No hay que rasgarse las vestiduras: en su momento la ópera nació como un contenedor que conciliaba a las más diversas artes. Este frenético y delirante ‘Romeo y Julieta’ es arrollador y a ratos contundente en su avance, y ofrece pistas sobre cómo públicos nuevos van a ser capaces de descubrir a un género que necesita reinventarse a cada momento para sobrevivir.
Un detalle de los saludos finales: al numerosísimo elenco de cantantes, actores, bailarines, y el equipo creativo en sus más variadas artes se unió una amplia representación del personal técnico que ha trabajado para sacar adelante esa enorme maquinaria teatral y no solo de decorado que hay detrás de esta producción excesiva en el mejor sentido de la palabra.

