Escrito por • 5:40 pm• Política

La foto de Illa y la Cataluña de Sánchez

Inmaculada Sánchez

El sonriente apretón de manos de Salvador Illa y Carles Puigdemont de esta semana en Bruselas no significa que Pedro Sánchez vaya a poder aprobar los Presupuestos del Estado ni que la legislatura se desencalle. La foto del actual president de la Generalitat catalana con su huido antecesor va mucho más allá: confirma la posibilidad de reconciliación de la Cataluña que dividió el ‘procés’, la de normalización definitiva de su política y la de un entendimiento institucional con España sin ruptura. Y todo ello, hora es de reconocerlo, fruto de una arriesgada y decidida apuesta política de Pedro Sánchez por la que todavía está pagando un alto precio.

Hace ahora poco más de un año que Salvador Illa asumía la presidencia de la Generalitat. Su inapelable victoria electoral, que dejaba en minoría, por primera vez en décadas, a nacionalistas e independentistas en el Parlament abría una nueva puerta al futuro de Cataluña tras las convulsiones del procés. Ese mismo agosto del año pasado Carles Puigdemont seguía alimentando su aura de represaliado político y president en el exilio con una rocambolesca visita a Barcelona. El día de la investidura aparecía en los alrededores del Parlament para dar un breve mítin y volver a escapar a Waterloo a ojos de todos para vergüenza de los mossos d’esquadra que debían detenerlo.

Aquel espectáculo de escapismo ha sido, hasta ahora, el último show de Puigdemont. Desde entonces ha hablado a través de sus siete diputados en el Congreso o en reuniones bilaterales con interlocutores del PSOE en Ginebra o Bruselas. No se ha retirado ni apartado, como prometió si no conseguía volver a ser president tras las elecciones, y continúa dirigiendo su partido desde la distancia o la telemática pero asumiendo las reglas de juego.

Illa ha demorado el encuentro de este martes, en el que, por cierto, ambos mandatarios se saludaban en persona por primera vez, hasta que el Tribunal Constitucional ha confirmado la plena coherencia con la Carta Magna de la Ley de Amnistía. Las fotos de una cita tan cuidadosamente medida no se esperaban, sin embargo, tan cordiales. Ha sido en territorio institucional de la Generalitat, en su delegación oficial en Bruselas, y no en el refugio belga de Puigdemont ni en la neutral Ginebra de otras citas con el PSOE. El apretón de manos se escenificó frente a una pared con un tenue escudo de la Generalitat y las imágenes de la reunión se dieron sentados en un blanco despacho sin banderas ni símbolos. La frialdad de la cita la ha roto la amplia sonrisa de Illa, a la que ha acompañado la de Puigdemont, ofreciendo una insólita imagen de distensión que a ambos interesaba.

No ha habido declaraciones ni comunicados a su término, más allá de un par de frases en sus respectivas cuentas de X, Illa apostando por “el dialogo”y Puigdemont recordando que la cita se tenía que haber producido antes y en Barcelona. No hacían falta más detalles. Las consecuencias de la reunión ya discurren por la alta política.

El mismo día los periodistas le preguntaban a la ministra portavoz para cuándo la cita en la que fuera el presidente del Gobierno quien se viera con el líder de Junts. Alegría confirmó que ese encuentro se dará “con total normalidad”, pero aún sin fecha. “Cuando llegue el momento serán ustedes informados”. Junts ya no incluye entre sus exigencias la urgencia de que Sánchez se cite con su presidente, conscientes de que la rehabilitación política de Puigdemont ha dado un paso de gigante con la foto de Illa. Antes de fin de año el Constitucional también se pronunciará sobre sus recursos contra la decisión del Supremo de excluirle de la Ley de Amnistía y su regreso a Cataluña podría acercarse.

Que un encuentro político contribuya a normalizar situaciones de bloqueo, a rebajar tensiones o a propiciar caminos de diálogo resulta todo un acontecimiento en el agitado escenario político actual y, por ello mismo, me parece más digno de aplauso. Para el Pedro Sánchez visiblemente delgado y afectado por la acumulación de obstáculos que vimos en su entrevista con Pepa Bueno en TVE la foto del sosiego que le mandó Illa desde Bruselas habrá sido una de las pocas inyecciones de ánimo recibidas en el arranque del curso.

Los excepcionales mecanismos políticos de los indultos y la amnistía, que han propiciado el declive electoral de quienes se saltaron la ley mientras construían un camino para la reconciliación, fueron arriesgadas decisiones de Sánchez tomadas en contra de buena parte del mismo PSOE y, aunque el presidente se viera impelido a tomarlas por  propia supervivencia, sus frutos empiezan a recogerse. En este primer año de Illa al frente de la Generalitat Cataluña ha recuperado la institucionalidad perdida: sus representantes han vuelto a asistir a las Conferencias de Presidentes o las reuniones intersectoriales con ministerios que regulan muchos servicios ciudadanos esenciales, su presidente ha vuelto a saludar al Rey en sus visitas a la autonomía y la Fundación y el holding de la Caixa han retornado con su sede a Barcelona, al igual que el Banco Sabadell o Cementos Molins y hasta otras 600 empresas que se marcharon huyendo  del procés. No me parece poco.

Un ministro se desahogaba hace un tiempo en privado, ante un corrillo de periodistas, reivindicando la apuesta de Sánchez por Cataluña. “Este Gobierno pasará y habremos hecho muchas cosas, pero creo que lo más importante para España y por lo que habrá merecido la pena estar aquí es por haber desactivado el principal problema político y territorial del país, que está en Cataluña y que ningún otro gobierno ha sabido resolver en años”, nos dijo. Ójala esté resuelto de verdad. Los que no lo están son los dos años que quedan de legislatura y en ello tienen mucho que decir los diputados de Junts en el Congreso. Veremos si la foto de Illa abre caminos más allá de Cataluña.

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