Manuel Espín
Empezamos contando lo que es un ‘dramawalker’: se trata de una acción dramática itinerante que se desarrolla en espacios reales. El Centro Dramático Nacional (CDN) viene impulsando estas actuaciones como espacio de creatividad y reflexión. Días atrás lo hacía con ‘El Madrid de la guerra civil’. Una treintena de participantes incluidos organizadores, algunos autores y autoras se citaban en el kilómetro cero de la Puerta del Sol. Tras un código QR con el que se accede a la web se inicia un recorrido sonoro por doce espacios diferentes en torno al Madrid de 1936 a 1939.una ciudad sitiada como lo han estado más tarde Sarajevo o Gaza.
Con textos de autores de hoy como Esther F.Carrodeguas, Juan Cavestany, Victoria Szpunberg, David Uclés y Joan Yago y la dirección de Laura Ortega se van escuchando a través de los auriculares de los teléfonos móviles esas composiciones literarias a lo largo de un itinerario emblemático, con el acento puesto no en los grandes nombres de la política sino en lo que se ha denominado la ‘cara b de la historia’.
Es decir: la gente de la calle, los ciudadanos que se vieron empujados a una terrible sima en la que sufrieron durante tres años los más terribles problemas para su supervivencia, empezando por el hambre y los bombardeos llevados a cabo con la colaboración de la aviación nazi. Un Madrid gravemente herido que tuvo que reinventarse en la situación más aciaga de su historia.

El itinerario está aderezado por la presencia en vivo de expertos, comentaristas y el soporte del equipo del CDN que ha sacado adelante este proyecto singular con gran entusiasmo creativo. Una visita a la estación de metro de Sevilla que sirvió de refugio a los bombardeos como otras, el detalle de las esculturas de la terraza del antiguo Banco de Vizcaya en Canalejas (hoy consejería de la Comunidad de Madrid) en origen de tono dorado pero que se pintaron de negro a partir de 1936 para evitar llamar la atención de los aviones que adelantándose a la II Guerra Mundial sembraban el miedo entre la población civil con sus pavorosas acciones sobre blancos no militares con intención de quebrar la moral ciudadana..
Un comentario de un expertos en el cruce de la calle Alcalá con Sevilla ante lo que hoy es el conjunto Canalejas pone la carne de gallina: “En los partes de los bomberos del Madrid de la época que debían atender a los incendios y destrucciones causados por los bombardeos se lee un mensaje estremecedor sobre este lugar: “Retiren con sus mangueras la sangre que hay en las aceras”.

Una parada en la fachada de unos grandes almacenes en la plaza de Callado donde antaño se situaba el Hotel Florida, en un edificio diseñado por Antonio Palacios y víctima de la piqueta de finales de los 60, un espacio mítico que albergó a corresponsales de guerra como Hemingway, Dos Passos o Saint Exupery, cuyo bar era tan importante como el frente situado a un palmo de la plaza de España, el contraste entre la foto de una tienda de la Gran Vía o la fachada del edificio de la Telefónica con el de la guerra tapiado con adoquines para poner un parapeto a los obuses.
Una parada en el actual Barrio de las Letras con el recuerdo del Museo del Prado desalojado para evitar que las bombas acabaran con el tesoro artístico más importante del mundo junto a El Louvre. O el actual Reina Sofia entonces un desolado hospital San Carlos donde se trataba de atender a las miles de víctimas. Junto al paso por el cine Monumental el lugar donde en otoño de 1936 Dolores Ibárruri dio un discurso de gran resonancia.

Para descender a la calle Toledo al arco junto a la Plaza Mayor y la famosa pancarta del ‘No pasarán’. Acabando el itinerario en la calle Espadas junto a la plaza de Tirso de Molina ante lo que hoy es un colegio y en la guerra la Gota de Leche, un servicio donde se ofrecía un cacito de leche a centenares de niños y niñas madrileños. Una bomba fue lanzada contra la fila de menores produjo sesenta muertos en uno de los más siniestros sucesos de la guerra civil, comparable a las peores tragedias de la historia.
La presencia de personajes del mundo de la cultura en este ‘dramawalker’ o drama itinerante se cruzó con las fotografías de esos espacios que se iban distribuyendo tal como eran en la guerra civil, los planos, los detalles o los comentarios: “¿Por qué Madrid que tiene placas recordando a las víctimas de atentados terroristas no ha dedicado un recuerdo para las miles de víctimas civiles en la guerra, tiempo en el que durante casi tres años sobrevivió como ciudad asediada?”.
Junto a los propios recuerdos personales y familiares.

La actriz Alba Flores, hija de Antonio y nieta de Lola Flores comentó al grupo: “La vida de la mitad de mi familia es suficientemente conocida, pero no tanto la de la otra mitad. La familia de mi madre vivían en un barrio popular muy cerca del Rastro, eran unos payos junto a vecinos gitanos. En 1936 mi bisabuelo al ir a asomarse al balcón fue víctima de la caída de una bomba que le succionó varios dedos; por fortuna la bomba cayó en la acera sin llegar a estallar porque de haberlo hecho yo no habría nacido. Mi bisabuela estaba embarazada de mi abuela en esos días. De este mal recuerdo no se quería hablar hasta que con el tiempo y la democracia pudieron hacerlo sin complejos. Entonces la calle Toledo y toda la zona era un barrio popular, de gente trabajadora y no un parque temático invadido por millones de turistas como es ahora”.
Todos los materiales, incluidos los textos representados e interpretados por primeras voces, además de cada uno de los desenfadados pero intensos dibujos que se utilizan en este emocionante ‘dramawalker’ se pueden encontrar de forma gratuita en la página del Centro Dramático Nacional bajo el epígrafe ‘El Madrid de la guerra civil’. Es un contenedor perfecto para poner en práctica como recorrido por la capital de España, además de una experiencia paralela a la producción ‘1936’ del CDN que tras su estreno y primera gira por todo el país vuelve en próximos días a los escenarios.

